Fallos de la Política Criminal en Costa Rica
El
sistema penal es un elemento de representaciones y relaciones sociales, de
políticas públicas, de discursos de poder, e incluso de su propia configuración
lingüística, la ley penal; en resumen representa lo cotidiano de las sociedades
actuales. Es por tal motivo que resulta necesario evaluar constantemente el
estado del sistema penal y sobretodo el papel que juega en la
democratización del poder punitivo.
A
raíz de esto, es el orden social quién debe surgir como propuesta con su capacidad
pacificadora en las relaciones sociales, pues, siempre estuvo y estará conectado
con las relaciones sociales y a la amenaza latente del uso de la
violencia para hacer cumplir las leyes que emergen de
la sociedad.
Es
debido a estas amenazas que, el derecho y la paz, como
aspiración a un ideal de sociedad conviven en una situación de inestabilidad. A causa de esta situación inestable es que
surge la necesidad de administrar y distribuir el poder, con sus desigualdades
y jerarquías, la administración de premios y castigos.
Dicho
control administrativo no es otro más que el control social, que implica uno de
los problemas más inquietantes en la actualidad; ya que su actuación produce efectos
o consecuencias a nivel social.
Es
por tal motivo, que cuando las acciones informales del control social fracasan
o el comportamiento del individuo continúa fuera de la norma, la sociedad se ve
obligada a recurrir al uso de mecanismos artificiales, con el fin de ejercer un
control sobre la sociedad y es allí donde entra en juego el sistema penal a fin
de controlar lo que los medios naturales no pueden.
Con
el paso de los años y el creciente auge de la tecnología, se ha dado también un
aumento desmedido en la problemática institucional del sistema legal y sus
respuestas son insuficientes ante la demanda social, como pruebas irrefutables
a tal problemática se presenta una situación de ingobernabilidad y un
incremento desmedido de la criminalidad asociado a actos de violencia cada vez
más fuertes y atroces.
A lo largo de la historia, la
tradición legal en que se basan los sistemas judiciales es un factor
determinante de la eficiencia judicial, incluso más que otros factores
tradicionalmente considerados relevantes como el nivel de ingresos de un país y
su grado de desarrollo.
Con
el pasar de los años y de diversos análisis, se puede llegar a la conclusión
que la eficiencia y capacidad de los tribunales para impartir justicia se
encuentra directamente relacionada con las características de los
procedimientos que con el nivel de desarrollo de los países.
La
mayor eficiencia judicial, asimismo, se relaciona con una mayor simplificación
de los procesos. Cuando se reduce la complejidad de los procesos judiciales,
disminuyen también los costos y la tardanza. Actualmente está de moda una
tendencia donde la reforma consiste en instaurar un proceso común u ordinario,
sin descuidar claro está, la regulación de los procesos especiales, que por motivos
especiales, merecen un tratamiento especializado. Dependiendo del modelo que asuma cada sistema penal dependerá
la estructura que le asigne a su proceso.
Ahora bien, si analizamos con calma
la situación actual, podemos darnos cuenta de la dura realidad, pues el
escenario que se vive hoy en día es otro muy distinto.
Diversos factores como su
organización, métodos tradicionales, falta de infraestructuras adecuadas, altos
índices de criminalidad, entre muchos otros más, repercuten directamente en la
crisis o fracaso inminente que vive hoy en día el sistema penal.
Lamentablemente
el sistema penal e incluso la política criminal de nuestro país, se encuentran
contaminados en todos los defectos de las penas que se han aplicado en el
pasado, la crisis ha llegado a tal punto, que las entidades encargadas de velar
por su adecuado funcionamiento buscan en forma desesperada por todos los medios
intentar nuevas estrategias para cambiar su imagen.
El
notorio abuso de la pena de cárcel ha causado un verdadero deterioro en todo el
sistema penal, conllevando esto a que las esperanzas que anteriormente yacían
en ella, hayan desaparecido con el trascurso de los años, y estamos de acuerdo
en el hecho que todas las cárceles se encuentran contaminadas, y por
consiguiente contaminan a los reclusos que se encuentran en ellas.
A
raíz de la abolición de la pena de muerte en nuestro país, el 26 de abril de
1882, el sistema penitenciario pasa a ser la alternativa más importante en
cuanto a castigo penal, conllevando esto a la alta saturación penitenciaria,
pues no se han creado penas o castigos alternativos para delitos menores o
personas que son detenidas por pensiones alimenticias por ejemplo.
Claudia
Cesaroni -abogada criminalista, escritora y miembro del Centro de Estudios en
Política Criminal y Derechos Humanos, Cepoc- comenta:
"La
cárcel es una institución donde impera el miedo, el dolor y la arbitrariedad.
Por eso, a muchos nos parece que la institución carcelaria va a tender a
reducirse a su mínima expresión. La mayoría de los presos son ladrones, y desde
luego que no vamos a felicitarlos por eso. Pero habría que buscar soluciones
más reales, como que la persona trabaje y pague por lo que dañó o robó en vez
de ir a prisión. La pena privativa de la libertad debería limitarse a los casos
más graves, porque claramente no resuelve el tema del delito."
Lo
cierto es que hoy, y así como está, el sistema penal no es funcional. Si bien
es cierto se han implementado algunos cambios, estos no son los necesarios y
continuamos aún con una política criminal que se basa en combatir delitos del
pasado que siendo conscientes y críticos no tienen nada que ver con los
actuales. Pero no menos cierto es que la misma sociedad oculta lo que pasa en nuestra
realidad nacional, un verdadero suicidio social. Lo que se ha venido haciendo
es ignorar la situación actual tanto de los centros penales, como de las
estrategias con las cuales se trata de prevenir y combatir el delito y
lamentablemente esto se ha convertido en una verdadera olla a presión de violencia,
maltrato y resentimiento, que continua acumulando temperatura, mientras los
datos prueban que dichas instituciones no operan en función del propósito con
el cual fueron creadas pues los individuos vuelven a delinquir, triste ejemplo
de esto es que desde los mismos centros penitenciarios (mayor castigo contra
los infractores) los delincuentes continúan organizando sus fechorías, a veces incluso
en complicidad con uniformados. Porque si quién, cumplida su condena, regresa
literalmente a la nada (a menudo sin vínculos familiares, sin siquiera un lugar
donde dormir, sin un trabajo del que subsistir y señalado por toda la sociedad)
estará mucho menos preparado que antes para resistir la llamada del delito.
Volverá a caer, a repetirse. A ser -alternativamente- “ya carne de prisión, ya
victimario”. “¿Cómo detener la rueda maldita?” "Haciendo más
cárceles", insisten algunos; "encarcelando menos y resocializando
más", machacan otros, pero la solución real aún no existe.
“La improvisación a la
hora de hacer reformas legales, la falta de un enfoque sobre la criminalidad
que tome en cuenta las situaciones de riesgo social y el papel provocativo y
populista de algunas figuras políticas, son algunos de los elementos que
inciden en las deficiencias del Estado costarricense a la hora de enfrentar el
problema de la seguridad ciudadana” (Chacón, 2011).
Como
podemos observar entre más se profundiza en el tema, lo único que logra salir a
la luz es el gran fracaso que representan hoy en día nuestras políticas
criminales, ya que como se puede detallar:
1-
Costa Rica hoy en día sólo ha realizado reformas que se quedan en el papel pues
no son puestas en práctica.
2-
Se ha producido una sobresaturación dentro de las cárceles, pues cualquier
delito es castigado con prisión sin distinguir si se trata de un delito menor
(hurto) o un delito grave (violación – asesinato). O lo que es peor aún se es encarcelado por el
no pago de la pensión alimentaria.
3-
El prisionero se adapta a la prisión, por lo que termina volviéndose un círculo
vicioso ya que sólo conoce ese estilo de vida.
4-
El ser expresidiario o exconvicto equivale a estar etiquetado socialmente lo cual
impide al sujeto su correcta adaptación al medio de la sociedad, su hoja de
delincuencia se encuentra manchada por tal motivo no encontrará un trabajo con
el cual subsistir, aumentando el riesgo de volver a delinquir.
5-
Las posibles modificaciones al sistema penal deben ser sometidas a largos y
tediosos proceso burócratas y políticos por lo que en la mayoría de ocasiones
cuando logran ser aprobados, sí es que logran ser aprobados, ya no son
funcionales ni brindaran el resultado esperado en el momento del planteamiento.
6- La política criminal debe estar enfocada a
prevenir el delito y buscar e implementar estrategias que la ayuden a lograr
este objetivo y no sólo a castigar la infracción.
7- Los delitos de cuello blanco continúan sin
ser tocados, a pesar de ser uno de los más grandes causantes del déficit
fiscal.
8-
Lamentablemente está demostrado que el sistema penal es selectivo, no es
igualitario y menos aún justo, a prisión llegan los más desamparados, los que
no tienen influencias, los ignorantes que desconocen sus derechos, los pobres
que no pudieron arreglarse a tiempo o que no tienen dinero para pagar una buena
defensa o fianza.
En
este sentido, es lamentable observar como las políticas criminales y la sociedad son entidades diferentes y peor
aún, contradictorias, para lograr hacer sociales a los antisociales se les debe
desintegrar de la comunidad cívica y asociarlos con otros antisociales, lo cual
los contamina pues se encuentran vulnerables emocionalmente y dentro de la
cárcel sólo sobrevive el más fuerte o el que le sirve a matones, nadie puede
aprender a vivir en libertad sin libertad. La rehabilitación social no puede
agravar aún más el problema de la delincuencia es decir de la criminalidad, por
lo tanto nuestro sistema penal a hoy en día no constituye una respuesta social
y jurídica y es extraordinariamente costosa al problema de la delincuencia, en definitiva
se trata de una ilusión que recluyendo una parte de la población se garantiza
la seguridad pública cuando los hechos demuestran que una gran parte de los
delincuentes reales y especialmente los potenciales permanecen en la sociedad.
Lamentablemente,
las propuestas en tal sentido no abundan. Pero tal vez para comenzar a pensar
en estas cuestiones sirva recordar que las posibles soluciones se encuentran
dentro de la misma sociedad, la familia.
A
criterio personal considero que en este sentido el remedio está siendo peor que
la enfermedad, si bien es cierto los individuos que violan las leyes
establecidas deben tener castigos, cada quien debe ser responsable de sus
actos, no siempre la cárcel es la mejor solución, el sistema penal debería
realizar un arduo análisis de las penas impuestas de acuerdo al delito
cometido.
Es
hora de buscar soluciones reales a la situación que enfrentamos pues lo único
que estamos logrando como sociedad es crear más delincuentes y lo más
preocupante es que son delincuentes preparados y en ocasiones creados por el mismo
sistema.
Se
podría eventualmente realizar un análisis exhaustivo de los sistemas penales de
otros países para buscar implementar nuevas estrategias de rehabilitación pues
a mi parecer no es prudente que un pobre cristiano que no pudo pagar la pensión
alimenticia vaya a la cárcel a compartir celda con un asesino o violador, por
ejemplo, y con todo el dolor en el alma es la realidad a la que nos
enfrentamos.
Es
imperativo crear o dar la importancia correspondiente a las estrategias que
existen con el fin de prevenir el delito; fortalecer la familia como eje
principal de la sociedad ya que es dentro del seno de ella donde se forman los
ciudadanos que conforman y conformarán el Estado.
Se
deben fortalecer dentro del sistema educativo, tanto en primaria como en
secundaria, programas que fomenten el respeto hacia las leyes y los valores con
el fin de crear ciudadanos responsables y respetuosos del Estado en el que
viven.
Se
deben buscar soluciones alternas que permitan al infractor remediar el daño y a
la vez brindarle la oportunidad de seguir siendo parte de la sociedad, se le
debe brindar más énfasis a la educación general básica, a la superior y a la
técnica para lograr aprender una profesión.
En
un Estado social de derecho, la prevención de la criminalidad depende del grado
de realización del derecho humano otorgado a la seguridad personal y colectiva.
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